Cuando una cultura es interferida por otra colonizadora, ésta impone ciertas normas o pautas que le sean favorables a su dominio y a la sumisión del pueblo colonizado y sobre la marcha, es posible que el colonizador adopte prácticas, costumbres y creencias que vengan a reforzar su dominio.
Por ejemplo todas las culturas tienen su creencia en los días aciagos o funestos, los cuales están determinados por factores de orden cosmológico, religioso, moral, etc. Generalmente los cinco días sobrantes al año de 360 días son considerados nefastos y durante ellos se siguen ciertas normas de conducta; es posible que tal cosa sea coincidente en varias culturas y el consecuente sincretismo se realiza sin un choque cultural; otras veces, una de las dos o más culturas que entran en ósmosis, atienden a creencias, que aunque parecidas, no tienen ninguna aceptación en el proceso aculturador, sencillamente porque los orígenes o necesidades de tal o cual rasgo cultural son del todo diferentes; los mayas por ejemplo nunca dieron importancia a la norma supersticiosa seguida por algunos al pie de la letra, que se encierra en el dicho: "EN MARTES NO TE CASES NI TE EMBARQUES, NI DE TU CASA TE APARTES", sencillamente porque no tenían el tiempo dividido en semanas ni por tanto tenían un día que coincidiera con el martes del calendario occidental; considerando las cosas a contrario sensu, los castellanos no tenían por qué acomodar sus actividades a la disposición de la medida—tiempo de un UINAL; los mismos mayas, que habitualmente depositaban su sombrero, cuando comenzaron a usarlo, en el suelo y con la copa hacia arriba, no tenían por qué supersticiar con el pretendido mal agüero del sombrero en la cama; tal vez por eso mismo no dieron importancia a pasar por la escalera; pero en cambio consultaban con los sacerdotes y con su dios EK—CHUAH, los comerciantes sí podían salir de viaje hacia lejanas tierras a la práctica de sus negocios, y acudían al intérprete TONALAMATL para conocer el destino de sus bebés y para que les pusieran nombre y se los conjurasen en caso de haber "traído" un nombre de no muy claro destino; en los hábitos y creencias que vamos a incluir pues bajo este rubro de MISCELÁNEA, habrá muchos que el lector pueda identificar por su origen indígena o importado por los conquistadores y aun por originarios de otras naciones; será pues más o menos fácil distinguir entre lo que es folk (cultura folk, según el concepto de Redfield) lo que es mestizo local o mestizo importado y lo que sea claramente occidental, todo lo cual entra en lo que hemos llamado "EL UAYEÍSMO EN LA CULTURA DE YUCATÁN".
Ya desde Elmendorff en "La Mujer Maya y el Cambio", se entiende cuál es el destino de toda cultura folk y Villa Rojas lo avala, cuando en su visita a Chank'om, después de 50 años de estudio de ese asentamiento maya, se encuentra con que ahora ya hay casas de mampostería que rodean la plaza del pueblo, hay energía eléctrica y agua entubada y se goza de la tecnología electrónica y se idiotiza a la gente a control remoto de telecomedias de "a ver cuál de cuatro barbilindos es el hijo putativo de la colorina" y todo ello a pesar del hecho positivo de que la gente sigue hablando maya, lo cual no quiere decir que, no entiende y quizá ya champurree el castellano. Porque ha de saber el lector que el sistema de Educación Pública en México se ha puesto como objetivo único alcanzar cuando se trata de indígenas, la Educación Bicultural, con lo cual es posible que a mediano o largo plazo se cumpla el aforismo de Oswaldo Baqueiro Anduze:
"El maya desaparece cuando muere o aprende el castellano". (Cito de memoria). Y yo me atrevo a añadir la existencia de un fenómeno hecho objetivo por la experiencia: PERO lo maya SOBREVIVIRÁ MUCHO TIEMPO a la desaparición del maya. Redfield sabía que no hay cultura que no sea un proceso —más o menos largo y secular— en perpetuo y continuado cambio y que por tanto toda cultura es un complejo en proceso de transición. De ahí que debamos dejar memoria de lo que fue, y es y seguirá siendo la cultura de un pueblo.
Mucho de lo que aquí anotamos ya no se hace y mucho de lo que aún se hace ya no se hará; aquí queda el testimonio de lo que se hacía y ya no se hace, así como el de lo que aún se hace y llegará un día en que ya no se haga y se haya olvidado; pero se harán cosas nuevas y alguien se encargará de dejar memoria de ellas, particularmente cuando lo que se haga, en su categoría de rasgos culturales, sea común a una sola cultura: la cultura mexicana que es como decir la identidad del mexicano. Y ya no habrá ciudadanos a los que ahora se trata como si fueran de ínfima clase, explotados inmisericordemente como ha sucedido hasta el momento.
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