Existe una muy escasa bibliografía relativa a sueños entre los mayas yucatecos y los mestizos, pese que tanto unos como otros vivieron y aún viven -aunque cada vez en menor grado- en un entorno pleno de creencias y hábitos supersticiosos, ficciones aterradoras, supercherías, engaños aberrantes, leyendas y consejos que escalofrían, espectros, duendes, aparecidos, hechizos y brujerías, etc. y a que uno de los expedientes que anulan la malignidad de ciertos sueños agoreros y pesadillas anunciadoras, es contarlos casi inmediatamente que tienen lugar, a familiares y/o amigos y conocidos.
Como vamos a verlo en esta sección, el acervo o nómina de los sueños y sus significados en la Península Yucateca es poco más o menos que el resto de nuestro país y el objeto o tema central de los sueños de los peninsulares yucatecos, en su mayoría, se diría la simple paráfrasis onírica de las ensoñaciones de nuestros conquistadores o aún de los clásicos sueños cosmopolitas.
Me atrevo a afirmar que tal vez los únicos sueños de contenido auténticamente local sean los de los recién nacidos y pequeños bebés cuando, durante sus sesiones dedicadas a dormir, hacen el KEH WENEL (sonrisa placentera) o enmascaran su faz con una muequecita premonitoria del llanto, pero que no siempre se resuelve en él.
“El sueño, como todo fenómeno biológico, para ser significativo requiere estar culturalmente determinado; quiere esto decir que no todos los sueños tienen trascendencia, sino sólo aquéllos a los que la tradición asigna un sentido y una posición en el orden de la realidad. La experiencia colectiva induce en el soñador el tipo de sueño significativo, es decir, para que el sueño tenga validez se requiere como base ineludible e indispensable la existencia de patrones culturales previos -en los cuales el sueño encaje y halle explicación”. (Aguirrre Beltrán Gonzalo, Medicina y Magia 182).
Se diría que entre el párrafo transcurrido y la mención anterior del KEH WENEL existe una clara incongruencia, en la medida de que no se pueda aceptar y/o descubrir influencia cultural alguna entre lo que puede soñar un recién nacido y el determinismo de su entorno; lo que acontece es que la experiencia alimenticia de la succión del seno, también fenómeno biológico resulta determinado por la experiencia alguna sobre lactancia, aunque sí sobre succión a veces y la satisfacción de las succiones post-natales bien pronto ejercen su acción determinante, pues el bebé no tiene KEH-WENEL sino cuando han pasado algunos días del nacimiento y la succión alimentaria ha ejercido ya sus primeros influjos deterministas en el nuevo ser; ¿con qué otra cosa placentera puede soñar un recién nacido sino con el seno materno? ¿Acaso no se observa también -con cierta frecuencia- que el bebé o no sólo sonríe, complacido, sino que mueve los labios como si tuviera entre ellos la fluyente tibieza del seno materno?
“El condicionamiento cultural de los sueños permite al soñador o al curandero una fácil interpretación de su significado; en realidad la cultura colonial tenía ya resuelto el problema de la interpretación a la manera como hoy día el psicoanálisis freudiano, al descubrir las relaciones entre los sueños significativos y el contenido del subconsciente, ha podido formular un catálogo en que a cada sueño corresponde un sentido que tiene validez en la cultura occidental centroeuropea. Doña Francisca de Porras, vecina de Guadalajara, informa de algunas interpretaciones culturalmente calidadas por la sociedad colonial: “Y así mismo la gente de su servicio de ésta que denuncia dicen públicamente que cuando sueñan que se caen los dientes delanteros de la boca se ha de morir padre o madre, o marido o hermano y que si le barren los dientes a cualquier persona no se ha de casar y que si sueñan tortas de pan que se ha de morir alguien de casa y que si sueñan toros que se han de casar y que si una mujer está preñada y sueña un bagre que parirá hijo y que si el ojo izquierdo le tiembla a alguna persona le ha de suceder alguna mohína y esto le han dicho muchas negras y mulatas de esta casa y de casa de su padre”. (Ibid. 182:83).
Veamos ahora lo que se dice de ciertos sueños en Yucatán, todos cuantos se han recopilado hasta ahora y no pienso haber alguno que no lo hubiese sido ya.
Se podría pensar que la anterior nómina de sueños es en su mayoría propia de “gentes de mezcla” -como llama el doctor Aguirre Beltrán a los mestizos de todos los orígenes- y a personas intensamente urbanizadas o culturalmente occidentalizadas; esto nos llevaría a pensar que los sueños del campesino maya yucateco -o no se han compilado en pacientes trabajos de campo- o que los campesinos maya-yucatecos sueñan durante la vigilia y todos los demás -los genuinos- están en relación con su amada: la milpa, según esta cita de Thompson: “Todo cuanto hacían y decían era en orden al maíz, que poco faltó para tenerlo por Dios, y era, y es tanto el encanto y embeleso que tienen por las milpas que por ellas olvidan hijos y mujer y otro cualquier deleite, como si fuese la milpa su último fin y bienaventura”. Es una estimación justa, aunque el buen fraile (un franciscano que escribió hace 250 años) se equivocara en un aspecto, porque los mayas consideraban efectivamente un dios al maíz. Y he aquí la equivocación de fraile y mayista británico: se diría que ignoraban que el producto de la milpa no sería solamente para sustento del que así amaba la milpa, sino también para sus seres queridos.
El caso es que los mayas sueñan y soñaban como puede soñar cualquier otra persona de no importa qué grupo étnico: “Starr (1908:312-13) comunica el caso de un maya yucateco que decidió morir después de haberlo soñado” (Ibid. 112-113).