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Boletín Informativo 18 de febrero de 2009

La Educación Superior, sector estratégico para consolidar la democracia

Discurso de Alfredo Dájer Abimerhi, rector de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), en la ceremonia de entrega de Reconocimientos a la Excelencia de la Educación Superior Pública del Estado, este martes 17 en la sede del Gobierno del Estado.

Además de la UADY recibieron este galardón las universidades Tecnológica Metropolitana (UTM) y Tecnológica Regional del Sur (UTRS).

"Importante es la participación de la Educación Superior en la búsqueda de soluciones a los problemas humanos urgentes, tales como la población, la pobreza, la marginación, el medio ambiente, la paz, la democracia y los derechos humanos".

Es para mí un honor dirigirme a ustedes en este acto, en representación de las Universidades Tecnológica Metropolitana, Tecnológica Regional del Sur y Autónoma de Yucatán, las cuales constituyen un valioso patrimonio nacional y de los yucatecos, gracias al trabajo serio, responsable y comprometido de sus comunidades en el cumplimiento de las funciones que la sociedad yucateca les ha encomendado, y al apoyo invaluable y sostenido de la sociedad y los gobiernos.

Valoramos mucho la iniciativa del Gobierno del Estado, de otorgar un reconocimiento público a estas instituciones que con historias de vida y modelos educativos diferentes, convergen en un objetivo común: ofrecer servicios educativos con los más altos estándares de calidad para la sólida formación de los jóvenes yucatecos y para que éstos puedan construir un proyecto exitoso de vida a través de una educación de reconocida buena calidad.

Reconocemos que la educación es un derecho humano y un bien público, un bien que el estado y la sociedad tienen el deber fundamental de garantizar, velando que sea pertinente y de reconocida buena calidad.

El carácter de bien público social de la educación superior se reafirma en la medida en que el acceso a ella sea un derecho real de todos los ciudadanos. Para ello es necesario lograr que los jóvenes, independientemente de sus características socioeconómicas, tengan igualdad de oportunidades de acceso a una educación pertinente, de calidad y con un alto compromiso social.

La calidad de la educación superior no es cuestión de encuestas de opinión ni de autocomplacencia. La calidad educativa en nuestro país es objetiva, documentada y medida a través de indicadores de desempeño académico comprobables.

Se logra primero, a través de profundos procesos de autoevaluación institucionales que no es otra cosa que el reconocimiento de nuestras debilidades y fortalezas y a partir de este reconocimiento se decide, responsablemente, comenzar un proceso de mejora continua.

El segundo paso es someterse a procesos de evaluación externos realizados por organismos especializados, reconocidos nacional e internacionalmente, quienes a través de metodologías rigurosas nos califican y formulan una serie de recomendaciones para alcanzar los indicadores de calidad establecidos, mismos que una vez atendidos nos permiten alcanzar la acreditación de los programas educativos, logro que da fe pública del aseguramiento de la calidad.

Hoy por hoy, en México participamos en procesos de evaluación con criterios inéditos. Si bien la eficiencia y eficacia son dos componentes esenciales de la calidad, también es posible que la educación superior sea eficaz y eficiente sin ser socialmente pertinente, lo que se da cuando los efectos deseados y observados no sirven a la sociedad.

Cuando se evalúa la calidad de una institución o de un programa, se está evaluando también la calidad de la formación de los estudiantes. Cabe preguntar entonces: ¿se trata de una formación de individuos adaptados a los intereses del sistema económico o se trata de una formación ciudadana de sujetos conscientes, críticos y activos en la construcción de una sociedad humanamente desarrollada y justa?.

La formación profesional es una dimensión importante en la pertinencia social, pero no puede limitarse a ser meramente instrumental del mercado. Mucho más que eso, la formación humana es integral y permanente en todas sus dimensiones: profesional, intelectual, política, ética y comprometida con los proyectos de desarrollo sustentable.

Por lo tanto, los criterios de calidad relativos a la formación profesional y ciudadana deben ser construidos a partir del contexto de inserción social de las instituciones, es decir, las realidades de los seres humanos concretos con sus tradiciones, culturas, necesidades, idiosincrasias e identidades.

En pocas palabras, el criterio primero y último para evaluar la calidad de la educación debe ser la pertinencia social. Ser pertinente es contribuir con oportunidad y calidad, al desarrollo de una sociedad más justa, con equidad y con igualdad de oportunidades y no referirse únicamente al desarrollo económico.

La pertinencia de la educación superior debe evaluarse en función de la adecuación entre lo que la sociedad necesita de las instituciones y lo que éstas hacen. Un currículo es una respuesta a una necesidad detectada y que establece la posición de la institución educativa con respecto a la atención profesional de la necesidad. Esto es, la universidad responde a través de un programa educativo para la formación de los recursos humanos que la problemática y la sociedad demandan.

La educación superior debe reforzar sus funciones de servicio a la sociedad, y más concretamente sus actividades encaminadas a erradicar la pobreza, la intolerancia, la violencia, el analfabetismo, el hambre, el deterioro del medio ambiente y las enfermedades, con el concurso de las disciplinas que sean necesarias de acuerdo con la problemática a estudiar, generando soluciones viables.

La educación superior debe sentar las bases para la creación de una nueva sociedad, en la que no tengan cabida la violencia y la injusticia; una sociedad formada por personas cultas, motivadas e integradas, movidas por el amor hacia la humanidad y el bien común, y guiadas por la sabiduría.

En el estado de Yucatán existen instituciones educativas diversas, con origen, historia, cobertura y modelos educativos diferentes, pero nos vemos como instituciones que se complementan, fortalecidas por sus diferencias y en conjunto hacemos nuestro mejor esfuerzo para atender la demanda educativa.

Las instituciones educativas que hoy recibimos este reconocimiento hacemos de la calidad y la pertinencia atributos que guían nuestro quehacer cotidiano.

Ofrecemos en conjunto 13 programas de técnicos superior universitarios, 40 programas de licenciatura y 46 de posgrado. En el nivel de educación superior atendemos una matrícula de 15,340 estudiantes: 12,500 en la UADY, 2000 en la Tecnológica Metropolitana y 840 en la Tecnológica Regional del Sur.

Las tres instituciones contamos con Sistemas de Gestión de la Calidad, sustentados en procesos administrativos certificados por normas y estándares internacionales, y atendemos a todos los niveles socioeconómicos de la población; a los estudiantes de origen rural y urbano, de sistemas educativos públicos y privados, sin distinción de género, ideologías y religión, fortaleciendo así el tejido social tan necesario en este país y en nuestro estado para lograr la paz y la convivencia.

Una alta proporción de nuestros estudiantes representan la primera generación de sus familias en acceder a la educación superior, en ellos se cifran las posibilidades de movilidad social. El ambiente educativo público de nuestras instituciones promueve la interculturalidad en condiciones equitativas, contribuyendo al avance en el conocimiento de nuestra diversidad y de un mayor aprecio y respeto.

La importancia de las instituciones tecnológicas ha crecido de manera importante en el sistema educativo del país al grado que si bien en los últimos 20 años la población escolar inscrita en la educación superior se incrementó en casi 100%, esto se logró, en buena medida, debido a la expansión del subsistema tecnológico.

Aquí hay que mencionar que un gran activo de las tres instituciones es el alto porcentaje de estudiantes con herencia cultural maya; gente con gran capacidad para las ciencias, los saberes y el respeto a la naturaleza; si bien hoy nuestras instituciones reciben este reconocimiento es importante dar crédito a las capacidades de estos estudiantes que facilitan y hacen fructífera la tarea educativa.

La calidad de los procesos educativos y la investigación son resultado de la capacidad del cuerpo docente que se caracteriza por su gran compromiso con el aprendizaje de los estudiantes, así como por su alto involucramiento en el desarrollo humano, científico y tecnológico. Esto último ha hecho posible que se aborden los problemas prioritarios del desarrollo de Yucatán.

En gran medida la pertinencia de la formación de los estudiantes, servicios y productos universitarios, se logra a través de la vinculación con los sectores productivo y social. Esta vinculación se puede dar por la actitud de apertura de estas instituciones y por la confianza de los sectores, que con el tiempo hemos ganado. Las experiencias de vinculación han sido provechosas pero este es el momento para estrechar aún más los lazos con los empresarios, industriales, consultores y líderes sociales; lo que nos permitirá formar redes para generar mayor capital social.

Este es el momento para intentar conservar todos los puestos de trabajo pero al mismo tiempo de contribuir a mejorar la competitividad de las empresas. ¡Sin empleadores no hay empleo! y las universidades reconocemos la importancia de las empresas y su contribución al bienestar social. ¡Este es el momento para cerrar filas y de sentirnos parte del mismo equipo que está buscando mejorar el bienestar de Yucatán!.

Por nuestra parte, nos encontramos en una etapa de transición hacia un nuevo paradigma de lo que se espera en la educación, transitamos a una nueva forma de vida académica, para la cual estamos generando nuevos procesos educativos así como indicadores para medir la pertinencia y el impacto social de la acción educativa, para todo lo cual ¡nos comprometemos!.

Estudiar en una universidad pública tiene un significado especial en la formación y el actuar futuro de los egresados. Las personas que han pasado por este proceso y son líderes de opinión, aseveran que proporciona una singular visión del México real y sus problemas.

Nuestras instituciones han entendido su papel, han actuado y actúan en consecuencia, formando a los agentes del desarrollo de Yucatán, ciertamente de sus negocios y de su industria, pero también de lo humano, de lo cultural, de lo científico y de lo tecnológico, en otras palabras, de su contribución a la civilización humana.

Mucho de lo que hoy vemos del Yucatán moderno no sería posible sin la educación pública. Por eso aseveramos que la instituciones de educación superior públicas son un patrimonio de los yucatecos que debe ser cuidado y protegido por todos, propios y extraños; muchas formas hay de dañarlas, pero muchas más, de apoyarlas.

Lo que es y ha sido, lo que significa y representará en el futuro la educación pública nos hace sentir el enorme compromiso de educar y hacerlo de la mejor forma. Reconocemos que falta mucho realizar pero el reconocimiento recibido en una noche como la de hoy nos indica que vamos por buen camino.

En este sentido evaluar y someterse a evaluación es un acto de responsabilidad, de transparencia, de ética y de valentía; necesario para el cumplimiento del compromiso de la educación con el logro del nivel de desarrollo humano y calidad de vida que los yucatecos merecen, y que el desarrollo de nuestro estado demanda.

Nuestras instituciones mantienen una conciencia de comunidad, un alto sentido de solidaridad con los que menos oportunidades tienen, la afirmación de tradiciones y valores comunes, que nos permitan el diálogo, la tolerancia, el respeto, así como una clara conciencia cívica y vocación democrática.

La educación superior es un sector estratégico para consolidar nuestra democracia, para acelerar el desarrollo de nuestro país y de nuestro Estado, para construir una gran Nación y un gran Estado. Una sociedad sin educación superior de buena calidad es una sociedad sin futuro.

El reconocimiento que hoy nos otorga el gobierno del Estado mucho nos satisface, pero a la vez nos compromete a redoblar esfuerzos para continuar haciendo realidad la equidad educativa en nuestras instituciones, es decir, ofrecer igualdad de oportunidades de una educación de buena calidad a los jóvenes yucatecos. Hoy, tenemos que reconocer que sólo la educación de buena calidad, reconocida, le sirve a México y a Yucatán, para encauzar su desarrollo sostenible.

A mediados del siglo pasado el prestigiado profesor norteamericano Frank Tannenbaum, opinaba que México solo podía aspirar a una "filosofía de las cosas pequeñas" y que nada era más opuesto a su naturaleza geográfica y humana que proponernos metas ambiciosas como la de la industrialización y la del desarrollo con visión de largo plazo.

Hoy hemos demostrado en los hechos que estaba equivocado, que contamos con la creatividad, el empeño y la fortaleza necesaria para consolidar un sólido sistema de generación y aplicación del conocimiento y un sistema de educación superior relevante, que coadyuva de manera eficaz al desarrollo armónico, la productividad y el desarrollo científico y tecnológico para hacer de Yucatán un estado exitoso en mejorar el bienestar de su población.

Una sociedad sin educación superior de buena calidad es una sociedad sin futuro. Apreciémosla, cuidémosla, y sumemos esfuerzos para asegurar el futuro de todos. Educar es un privilegio que hay que ganarse, y las instituciones, aquí presentes, trabajamos todos los días para honrar ese privilegio.

Muchas gracias


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